Friday, January 29, 2016

Crítica del determinismo materialista en el Marxismo

Por Ignacio T. Granados Herrera

Una comprensión de los excesos idealistas del Marxismo enfrenta por principio la misma dificultad recurrente de todo pensamiento filosófico; y esto es la relatividad de los conceptos que maneja, tanto los que critica cono los que postula, tomados siempre como un valor absoluto, que por tanto es excesivo. Así, el Materialismo es determinista y por tanto con un efecto alienante que impedirá una comprensión adecuada de la realidad; porque excluye de ella el factor de la voluntad humana, que media entre la realidad en cuanto tal y en cuanto humana. Eso, por ejemplo, será lo que la intuición platónica hasta Hegel figuraría dramáticamente como el Demiurgo, negado por los excesos racionalistas —a partir de Marx— en su valor entitivo; sin tener en cuenta que como representación de la realidad en una figura dramática, este valor entitivo suyo es relativo y por tanto con alguna consistencia, siquiera derivada del sujeto de conocimiento. De todas formas, lo primero no se refiere a que no existan determinaciones de la realidad, tanto en cuanto tal como en cuanto humana; lo que sería absurdo, puesto que por su misma condición formal dependen necesariamente de estas determinaciones suyas; sino que se refiere al alcance relativo de estas determinaciones, ya que entre ellas ha de comprenderse el elemento aún inefable de la voluntad.

Por supuesto, esa comprensión de la voluntad, y por ende del ego, se refieren directamente al efecto de redeterminación; que sería el que reconvierta la realidad en cuanto tal en realidad de valor estrictamente humano, justo por la administración de los medios de producción.  Eso ya relativiza por principio el absolutismo de las propuestas de Nietzsche y Schopenhauer sobre la voluntad y el ego; cuya absolutización sería lo que habría impedido sistemáticamente la relativización de la determinación económica del Materialismo. Se entiende de eso, además, que el carácter condicional de este determinismo no se referiría sólo a su establecimiento fenomenológico; sino que, en tanto relativa a esta constitución suya, sería ya su propia naturaleza, condicionándolo de modo permanente; es decir, que la determinación económica de la realidad no sería relativa sólo por principio sino también factual y puntualmente, en cada uno de sus casos. Eso sería lo que permita tanto la distorsión como el ajuste que mejore funcionalmente la estructura capitalista de la realidad en cuanto humana; desde su corrupción en el neo feudalismo corporativista del capitalismo post industrial, y hasta el desarrollo progresivo de sus tendencias socialistas.

En ese sentido debe recordarse que el llamado socialismo real no habría sido sino una contracción del capitalismo industrial; constituyéndose como de estado por su colectivización forzada de los medios de producción, para devenir ni tan paradójicamente en corporativo; que es además el modelo económico feudal, en que una élite burocrática administra los medios de producción; estando esa diferencia reducida a que dicha élite estaba conformada en principio por la aristocracia feudal, y ahora lo estaría por una clase media; paradójicamente desprendida de la burguesía, por la apoteosis individualista del capitalismo industrial, que impondrá este desarrollo del corporativismo postmoderno. Conviene destacar que toda burocracia es también por principio una clase parasitaria, dependiente de los procesos de administración; distintos de los de producción, cuyos medios entonces desvía en su propio esfuerzo de sostenimiento, tanto económico como político.  Eso explicaría la rápida espiral de ineficiencia económica de las economías del llamado socialismo real; que sujetas al objetivo político antes que el económico, ponen el proceso productivo en función de su administración, resultando en su distorsión total.

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Sin embargo, eso también explicaría el proceso parecido en el capitalismo corporativo, que es equivalente al del estado; ya que igualmente depende de la administración del proceso productivo por una burocracia que así se lo subordina, dando lugar a las mismas distorsiones. Contrario en ambos casos al precario equilibrio del capitalismo industrial, que es el único modelo dependiente de la gestión y capacidad individual; en el que incluso los casos de inevitable ineficiencia, producto de errores de método, son absorbidos y corregidos por el proceso productivo y la tensión del mercado, sin integrarse a la estructura misma. El desarrollo de la ineficiencia en el caso del corporativismo, provendría entonces de esa distorsión en que se subordina el proceso de producción; lo que de modo concreto ocurriría cuando las élites burocráticas desvían hacia sí ganancias del mismo, en la forma de bonos y estímulos, primero de modo parcial pero luego de forma sistemática. De ese modo, se dirigirán a la búsqueda de ganancia rápida, con énfasis en las estrategias de ahorro y racionalización presupuestaria de las compañías; que ya a mediano plazo resultan costosas en su simplismo, ya que esas estrategias de ahorro no se basan en el conocimiento factual de los procesos productivos; sino que antes bien dependen de la relativa inteligencia del burócrata y su autoridad, repercutiendo en una desmoralización y el descomprometimiento del colectivo directamente implicado en la producción. Habrá que recordar también que el corporativismo no es sólo una práctica o un modelo económico concreto, sino que dada su recurrencia y masividad es también una cultura; que por tanto afecta a todo el conjunto de la estructura económica, condicionándola en su comportamiento, al imponerle patrones y un ambiente legal específico.

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Eso quiere decir que si la determinación económica del Materialismo fuera absoluta, este efecto de corrupción del capitalismo sería inevitable e irreversible; que sería el error que comprometiera al Marxismo en la radicalización violenta de la lucha de clases, para terminar en el neofeudalismo del llamado socialismo real. La contradicción provendría de que es la misma realidad en cuanto humana la que es capitalista, por esa determinación económica —bien que relativa— suya; y por tanto el capitalismo sería una condición insuperable de la misma, referida al capital como el elemento en que se codifica el poder efectivo; como categoría metafísica de la Potencia, que resuelve la realización de la realidad en cuanto humana en sus fenómenos puntuales, y dada en la realidad en cuanto tal por la fuerza física. De ahí que cualquier intento de supresión de esta condición sea violento, y sólo resulte en su distorsión como naturaleza; mientras que su comprensión funcional permitiría o hasta Impondría su mejoramiento progresivo, por medio del pacto social. Para ello se requeriría de forma inevitable de la recuperación del individualismo capitalista, por el poder facultativo del individuo como ente político; que podría así, primero, regular la influencia de las élites económicas en el pacto social, y luego la reforma progresiva del mismo.

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