Wednesday, September 5, 2018

Just do it, really? (English version)


Nike's last play with Colin Kaepernik has raised a lot of criticism, which is exactly what they expected; after all, it was a purely commercial strategy, and even cynical in its surgical efficiency. The surprising thing here is the sudden pragmatism of the hero, who thus accesses to his de-characterization; because nobody with two fingers of front or some experience, can ignore the obviousness of this move of the giant of sporting goods. So it amazes the naivety of the public, who has agreed to make Nike free promotion with the legitimacy of their anger; because beyond the justness of Kaepernik's cause, it is to that anger that he aspired with his protest, now sold to the highest bidder.

Kaepernik's cynicism and not Nike's is the one that should enrage, at least to the blacks he claimed to represent; as the Democratic base infuriated before, with the Obama who invested his political capital in the strategy of the Trans-Pacific Treaty. Behind the cynicism of Nike is only the arrogance of the corporate giants, accustomed to abusing the public with their political impunity; behind Kaepernik's is the weakness of a culture, accustomed to this abuse for that impunity. Nike has only trivialized Kaepernik's protest, as Obama trivialized Martin Luther King's dream; it is Kaepernik who is guilty of being bribed, even if he justifies it with the lure of visibility.

Just do it, really?


La última jugada de Nike con Colin Kaepernik ha levantado mucha crítica, que es exactamente lo que esperaba; después de todo, fue una estrategia puramente comercial, y hasta cínica en su quirúrgica eficiencia. Lo sorprendente aquí es el súbito pragmatismo del héroe, que así accede a su descaracterización; pues nadie con dos dedos de frente o algo de experiencia, puede ignorar la obviedad de esta jugada del gigante de los artículos deportivos. Así es que asombra la ingenuidad del público, que ha accedido a hacerle promoción gratuita a Nike con la legitimidad de su ira; porque más allá de la justeza de la causa de Kaepernik, es a esa ira a la que aspiraba con su protesta, ahora vendida al mejor postor.

El cinismo de Kaepernik y no el de Nike es el que debería enfurecer, al menos a los negros que decía representar; como mismo la base demócrata se enfureció antes, con el Obama que invirtió su capital político en la estrategia del Tratado del Transpacífico. Detrás del cinismo de Nike sólo está la arrogancia de los gigantes corporativos, acostumbrados a abusar del público con su impunidad política; detrás de la de Kaepernik está la debilidad de una cultura, acostumbrada a este abuso por esa misma impunidad. Nike sólo ha banalizado la protesta de Kaepernik, como Obama banalizó el sueño de Martin Luther King; es Kaepernik el que es culpable de dejarse sobornar, aunque lo justifique con el señuelo de la visibilidad.

Wednesday, August 22, 2018

De la falacia ad hominem


Todos saben que la falacia ad hominem consiste en un ataque a la persona en vez de al argumento, desacreditando la fuente; algo que en apariencia contradice las leyes de la razón, que por otra parte nunca han sido escritas y semejan la otra falacia de la tradición. Este reduccionismo sería el que de hecho resulte falaz hasta en sus principios, al limitar las posibilidades de comprensión de la realidad; cuya naturaleza sería compleja, al darse por la relación de innúmeras determinaciones, a veces incluso contradictorias.
Sin dudas, el racionalismo positivo moderno no sólo responde a un ascendiente idealista en la tradición cartesiana; sino que esta es la misma que explica el desarrollo de las convenciones sofísticas escolásticas, que no son sino una actualización de la sofística antigua. Nuevamente sin dudas, la escolástica es una institución con la que se consiguió subordinar el temprano realismo católico a la tradición dogmática; que fundándose en la patrística no la asume en su totalidad, sino sólo su sistematización final por San Agustín, que es de ascendencia platónica.
Este carácter del racionalismo se vería en la llamada Navaja de Ockan, como su figura más esplendente y emblemática; pero sería esto mismo lo que explique el carácter falaz de la descalificación que hace del cuestionamiento ad hominem. Obviamente, la consistencia propia de conceptos y argumentos es la lógica, pero como atributo formal esta es siempre aparente; que es lo que hace al abstraccionismo idealista insuficiente en su pretensión de comprender la realidad, y con ello propenso a la falacia. La misma inconclusión del debate sobre los Universales demostraría este carácter falaz del abstraccionismo, dado por su carácter político; que comprometiendo ideológicamente a las partes —en la Moral— hace imposible la discusión, por violentar los principios mismos de ese compromiso. 
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La navaja de Ockan alude al estado imposible de una igualdad de condiciones, en que la explicación más sencilla sería la más probable; pero cuando es imposible establecer esa igualdad de condiciones, dada las diferencias naturales en la determinación de los criterios, cuya oposición es además eventual y relativa. Sumado a eso, quedan los intereses individuales de las personas que emiten los criterios, todos y cada uno de los cuales serían igual de válidos; de modo que cualquier discusión se reduciría a un ritornelo eterno, como aquel ya dicho de los Universales, sólo superado en la irracionalidad de la tradición.