Tuesday, March 31, 2020

De la nociva influencia de la academia norteamericana sobre sus objetos de estudio.


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El estudio académico en su forma de universidades es un fenómeno que nace en el traspaso de la antigüedad al bajo medioevo; esto es con la Universidad de París como primera apoteosis, que culmina el desarrollo desde que las escuelas palatinas, monásticas y catedralicias comenzaran su sistematización. Desde entonces, las escuelas francesas de pensamiento han lidereado y modelado el pensamiento moderno en general; con consecuencias tan graves y vastas en la política como el fundamento del movimiento jacobino y la base política del marxismo, entre otras muchas.

Es eta especialización excelente la que había dado forma y lugar a fenómenos estéticos completos, como la novela de la revolución mexicana o el llamado realismo mágico; no con una fundación directa de los mismos, sino proveyendo el arsenal crítico que pudo detectar esas formaciones dentro del mercado natural. Este comportamiento es consecuente con el principio marxista de la determinación económica de la realidad; ya que la misma construcción económica del fenómeno a través de la crítica, es en sí mismo un comportamiento económico.

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Eso es lo que se revierte en el caso de las academias norteamericanas, cuyo origen distinto no es gratuito; ya que careciendo de la fuerte tradición referencial de las academias europeas, se apoya en su propia racionalidad y suficiencia económica. De ese modo, y como otra derivación todavía determinada por las relaciones capitalistas, el academicismo norteamericano va a tener otro efecto en la producción literaria; ya que no va a limitarse a una crítica, sino que se va a apropiar del fenómeno mismo, sustituyendo su determinación económica natural con la suya propia, que es ideológica.

Desde ahí, por ejemplo, el interés temático de fenómenos como la novela latinoamericana dejará de ser ontológico para ser sociológico; deviniendo en una elaboración discursiva, dirigida a la redeterminación política de la sociedad desde la ideología antes que desde la economía. El problema es que esta habría sido la determinación original de la sociedad en los períodos arcaicos, previos a la antigüedad y durante la misma; cuando a falta de una densidad económica suficiente para su autodeterminación, era la práctica religiosa la que la proveía.

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Eso incluso desataría una fatalidad como principio, en que las sociedades quedan condenadas a modelos más o menos oligárquicos; en que esa práctica religiosa organiza paulatinamente a la sociedad en una estructura rígida, como el status quo; en la que una clase más o menos porosa va a detentar el poder político, según su propia ascendencia económica, proveniente de su mayor o menor legitimidad trascendente. Eso es lo que sin embargo se frustra a partir de la excepción griega, el cataclismo que diera lugar al surgimiento del modelo democrático; y que ocurre a partir de un desarrollo cataclísmico que da al traste con la estructura original, sustituyéndola por el comercio como nueva redeterminación política de la sociedad.

Ese es el proceso que tiene su apoteosis culminante en el capitalismo moderno, más o menos en el del siglo XVIII; pero a partir del cual, en tanto apoteosis, se va a desarrollar como un proceso de decadencia paulatina; cuya propia apoteosis, a su vez, ocurriría en el siglo XX, con la contradicción mayor del capitalismo, que es su redeterminación socialista. Es el mismo proceso, por el que la ideología sobrepasa a la economía en su determinación de la sociedad, conduciéndola a su estancamiento; un proceso que se va a reproducir en la literatura en general, con las especializaciones académicas, que sujetan la función reflexiva de su naturaleza formal a su capacidad discursiva.

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Es en esto específicamente en lo que consistiría esa perversión de los fenómenos estéticos originales, a partir de su apropiación por el mercado especializado de las academias; que proviene desde el auge mismo de los trabajos críticos de principios del siglo XX, tan distintos a un lado y otro del Atlántico. La afectación va a ocurrir en la capacidad reflexiva de dichos fenómenos para comprender las contradicciones originales que le dieron lugar; bien sea los problemas de género, raciales o propiamente políticos; reflexionados hasta entonces de modo suficiente a partir de su abstracción ontológica, pero ahora subordinados a meros intereses ideológicos, más o menos espurios en ello.

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