Sunday, February 10, 2019

Velvet Buzzsaw, o el mercado del arte como comedia de horror


Esta película es tratada por la crítica como una parodia del cine de horror, lo que puede ser muy reductivo; lo cierto es que nunca llega a causar verdadero horror, y uno duda si en algún momento se plantea siquiera esa posibilidad. No obstante, como parodia podría tratarse de una parábola moral, que con algo de torcido humor critica el mundo del mercado del arte contemporáneo; ojo, que no se trata en ningún caso de una crítica del mercado como mercado, sino de esos vicios que terminan por corromperlo todo. En algunos casos, las escenas de terror son descritas con parsimonioso énfasis en el absurdo de la situación misma; para resultar en una doble parodia acerca del snobismo de ese llamado arte contemporáneo, y su ya dicha corrupción mercantilista.
Especial mención merece (spoiler) la descripción de la escena —que no se ve— en que se encuentra uno de los cadáveres; que confundido con una pieza de arte, que expuesto y termina con niños chapoteando entre la sangre. En otro momento, un galerista va al estudio del artista y elogia unas bolsas de basura; el artista lo corrige, diciéndole que no es arte, pero con una seriedad que hace más deprimente aún la confusión. Con ese tipo de viñetas pululando a lo largo de tramas y subtramas, es difícil no creer que la parodia es sobre el mercado; y lo terrorífico es apenas un recurso estético para armar este discurso, que no pretendería siquiera ser moral, sino meramente realista. Los elementos del género de terror son sin embargo muy bien usados en este otro sentido, remarcando con sutileza la doble intención; por más que el argumento mantiene ciertas incongruencias, como la relación necesaria entre el origen del terror y los modos puntuales en que ocurre.
Según el guion, un artista anónimo deja instrucciones para la destrucción de su obra después de su muerte; una galerista la descubre y se decide a explotarla, a pesar de las disposiciones del autor muerto. Esa obra, hecha con elementos ya desconcertantes, parece contener un espíritu propio que se encarga de los usureros; pero la desgracia de estos no siempre está en relación directa con esa obra, que es en lo que se pierde la congruencia. No obstante, eso se puede superar con una dosis suficiente de fe poética, apoyada por la textura general del filme; para lo que el mismo aporta unas actuaciones en perfecta consonancia con su propuesta de comedia de horror, y situaciones al punto de lo hilarante —aunque contenido en bien de la sobriedad—.
Las actuaciones son espectaculares, sobre todo la de la dupla formada por René Ruso y Jake Gyllenhaal; secundados por unas no menos espectaculares Toni Collete y Zawe Ashton, perfectas en sus respectivos roles. De los cuatro, sobresaldría la actuación de Gyllenhaal, que consigue los amaneramientos que no necesitan sus contrapartes; algo que puede ponerlo en la mira crítica de la ideología de género, como una reducción caricaturesca de su personaje. Lo cierto es que su personaje contiene los elementos caricaturescos, que complementa la fuerza aplastante del de la Ruso; dándole la oportunidad que no le brindan sus personajes habituales, que le hacen brillar por contexto e historia pero sin pausa para el histrionismo.
Es difícil que el mundo aquí satirizado se entere de que está siendo objeto de crítica, es demasiado narcisista y deshonesto para eso; pero de eso se trataría precisamente, definiéndolo como una burbuja destinada a consumirse en sí misma, sin reproducción natural. Es difícil que él director se haya planteado un propósito tan trascendente en su humanismo, más probable es que sólo explore el filón de estas contradicciones; que es más dramático cuanto más paródica la descripción, como es en definitiva la facultad reflexiva propia de las artes. Velvet Buzzsaw puede decirse entonces aporta esta agudeza del análisis crítico de la realidad, cada vez más compleja en cuanto más humana; y lo hace con esa gracia de comedia ligera, que pueda darse el lujo de los grandes discursos, no por sus sermones sino por sus alcances.

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