Thursday, October 18, 2018

A Puerto Rico, con amor

En Kindle

El problema puertorriqueño no es simple, sino que se enreda en la maraña de una paradoja continua; empezando por un espectro de opinión, en que el independentismo goza de un cuatro por ciento de intención, mientras las opciones coloniales se reparten el resto; pero a la vez que toda expresión artística se alimenta en esa catarsis nacionalista, en la más obscena de las desproporciones. La razón es esquiva, pero parece residir en el pragmatismo económico del pueblo; que sin embargo resulta en una contradicción esquizoide, ya que todo ese pragmatismo se niega a esa otra negación (ontológica) que eso implica.

El problema podría residir entonces en una incapacidad del arte para reflexionar una salida real a esa necesidad que revela; pues no hace sino subordinarse al trascendentalismo ético de sus élites intelectuales, que son las que lo hacen; y que como toda élite intelectual, desde que se establece como clase, viven de que los problemas existan y no de solucionarlos. En ese sentido, es triste ver la soleadas de sus historiadores, pródigos como los politólogos cubanos ante un café con leche; justificándose en la épica del antimperialismo internacional, sin ver los horrores que apoyan y justifican con eso.

Kindle
Los intelectuales y artistas puertorriqueños se aferran al discurso reivindicativo del gobierno cubano, por ejemplo; sin pensar en cuánto se alejan de su propia realidad con eso, igual que los negros cubanos cogen las becas de las universidades norteamericanas; y más aún, como estos, se prestan a la manipulación cínica —con el pretexto de la estrategia política— de un gobierno que no duda en prostituir y escarnecer a su propio pueblo. El arte y la intelectualidad puertorriqueña agradecen la plataforma política de la revolución cubana, que hace mucho que no es revolucionaria; y le profesan una lealtad, con la que se enajenan ofensivos la solidaridad del pueblo real de Cuba, que no es su gobierno y puede ser su mejor aliado en el imperio.

Simplemente, mientras el nacionalismo boricua sea secuestrado por la izquierda internacional, padecerá sus vicisitudes; y ya va siendo hora de preguntarse si este no es el problema de raíz, cuando se subordinó su independencia de España a la cubana. En efecto, los historiadores puertorriqueños todavía debaten si la guerra cubana estaba ganada o perdida al momento de la intervención norteamericana; en vez de ceder el paso a una diplomacia audaz y creativa, capaz de labrarse alianzas efectivas dentro del poderoso exilio cubano; al que además desdeñan con ese supremacismo ético de los revivalistas, por la doblez del falso liberalismo demócrata.

No des de extrañar que este arte no pueda aportar una solución a sus propios problemas, abocado al ajeno; como perro de presa del gobierno cubano, que lo azuza en sus propios intereses, como a los negros de Harlem. El pueblo puertorriqueño no es soberano, pero el pueblo cubano tampoco lo es y a ellos no les importa; no tienen entonces de dónde sacar referencias ontológicas propias, embobecidos por esa épica trascendente con que se engaña a los pueblos.

No comments:

Post a Comment